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Cómo ser mamá primeriza

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by: Guest
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 Cuando estaba en la escuela segundaria mi hija nos preguntó si podía pasar un fin de semana con una amiga. Mi esposo y yo no conocíamos a su amiga ni a sus padres muy bien. Y un factor todavía mayor, no conocíamos a la familia que irían a visitar. Nuestra respuesta al corazón entonces roto de la niña fue “no”. Ella no podía comprender y no lo entendía.

Incluso cuando estábamos tomando la decisión, una parte de mí tampoco lo entendía. Me cuestionaba a mí misma: “¿Por qué no puedes ser como otros padres? ¿Por qué tienes que ser cuidadosa y pensar en las cosas por adelantado? ¿Por qué tienes que tomar decisiones que les causan dolor a tus hijos?”

No era la primera vez que tenía esos pensamientos. Decir “no” a manejar sola para la casa de algunos amigos de la universidad. Decir “no” a enviar fotos por el teléfono.

Continuamente el mismo dilema corría en mi mente. No solo luchaba con querer que mis hijas encajaran sino con mi propio deseo de encajar.

Jesús nos pregunta en nuestro versículo clave: “¿Por qué luchan como si fueran de este mundo?” Luchar con cosas como:
Dejar a nuestros hijos escoger ropa que esté de moda pero que también revela mucho, queremos que ellos encajen, ¿cierto?
Darles a nuestros hijos lo que otros niños tienen: Teléfonos celulares, computadoras portátiles, ropa de marca. No queremos privarlos de eso, ¿cierto?

Permitir a nuestros hijos libertades más allá de su edad y madurez, pero que otros niños tienen. No quisiéramos que fueran diferentes, ¿cierto?

En esta lucha Jesús nos anima:” Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)

Escogido, santidad, una posesión especial. En cierto sentido, simplemente suena raro. Sin embargo, a mí me parece que raro es la idea que Jesús tiene para que nosotros modelemos a nuestros hijos de manera que ellos tengan el valor para ser raros también.

Eso no va a ir bien con cada decisión. Tal vez tu hija te gritó hace poco cuando le dijiste que esa falda estaba muy corta. O tu hijo tiró la puerta cuando se le pidió que apagara la televisión y no viera el programa que todos los chicos ven en la escuela para mamás primerizas.

¿Por qué quisiéramos ser raros cuando eso trastorna nuestra familia? ¿Por qué queremos sobresalir y ser diferentes?

Tomamos esa decisión difícil porque el nombre de niño, como Jesús, dijo que éramos pueblo escogido, somos de él. Y queremos que nuestros hijos también lo sean.

Detesto que el escoger ser rara haga que no les caiga bien a mis hijos. Pero me consuela saber que a Jesús sí le gustan mis decisiones. Él se enorgullece de que yo escoja ser modelo para mis hijos al mostrarles que somos su posesión especial. Cuando Jesús está feliz con mis decisiones de ser rara, yo también estoy feliz de haber escogido un buen nombre para mi bebé.

Amado Dios, ayúdame cuando siento la presión de hacer, decir y ser todo lo que la sociedad dice que haga, diga y sea. Espíritu Santo, abre mis oídos para oír tu sabiduría, no solo cuando se trata de la familia sino en todas las esferas.

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