Despido e indemnizacion
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Uno de los lastres más importantes de la economía española, es y ha sido siempre, el elevado número de desempleados con respecto a nuestra población activa. Si ya antes de la crisis, nuestra tasa media de paro rondaba el 9%, ahora, golpeada por los bandazos de la globalización, las hipotecas subprime, el mercado inmobiliario, y la crisis financiera, estas cifras se han disparado alcanzando una tasa cercana al 21%, y rondando los 5.000.000 millones de desempleados.
Es aquí, en nuestro país, donde probablemente los “empleos de por vida” han pasado hace tiempo a mejor vida (valga la redundancia). Ya no son las cosas, como lo fueron en otras épocas, donde uno entraba a trabajar a una empresa, y no solo él se jubilaba en la misma, sino que hasta el propio hijo heredaba un puesto en la compañía.
Hoy el paro es probablemente el peor de los males que sufre nuestra economía, y cuando se le pregunta a la gente en las encuestas, que es lo que más le preocupa, el desempleo suele ocupar el primer puesto.
Las empresas cada vez despiden a más trabajadores, y estos, unas veces por no querer problemas, y otras por falta de información o conocimiento, son muchas veces indemnizados con ridículas cantidades, pese a llevar años en la empresa.
Hoy por hoy, la legislación española vela por los derechos de los trabajados, para que el empresario no haga y deshaga a su antojo en materia de indemnización por despido. Es aquí, donde nos encontramos con diferentes tipos de indemnización, dependiendo de la calificación del despido. Esta calificación solo puede otorgarla el Magistrado de lo Social, pues se adquiere tras una sentencia. Es por ello, que podemos encontrarnos con la indemnización por despido improcedente (la más común en estos momentos), y la indemnización por despido procedente (menos común), por poner dos tipos de indemnización de lo más recurridas. Aunque existen otras figuras que no conllevan indemnización, sino readmisión del trabajador, como el despido nulo, aquellos dos tipos de indemnización son los más habituales de ver.
La economía española adolece de muchos males, y el desempleo, será siempre uno de ellos, no por falta de regulación en materia laboral, sino por un problema estructural, propio y que no traspasa frontera.
Los empresarios no van a contratar a nuevos trabajadores pensando en que si los despiden no les van a poder pagar una indemnización millonaria, claro que no. Los empresarios contratan analizando costes, y aunque el trabajo en España, probablemente no sea de los mejor pagados, también es probable que no sea de los más productivos. Es aquí donde las pymes analizas, y concluyen que la mano de obra española, junto con los costes de la seguridad social, son una barrera importante que muchas veces les imposibilita añadir un puesto de trabajo a su empresa. Pensemos que un trabajador que cobre una media de 1.800 euros líquidos al mes, realmente le está costando a la empresa, más de 2 veces esa cifra, entre retenciones que ingresa en Hacienda (corren por cuenta del trabajador), y Seguridad Social con cargo a la empresa y al trabajador (más del 30%).
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